Monday, July 1, 2013

"Jícaras Tristes" de Alfredo Espino




Al igual que la mayoría de niños en El Salvador, mi primer contacto con Alfredo Espino fua a través de su poema "El nido" y de su biografía:"... que nació en Ahuachapán... que murió a los 28 años... y que se le conoce como el poeta jóven".
Ya como universitario, en más de alguna ocasión escuché a algún reaccionario de cafetín, afirmar con tono dogmático que no hay que leer a Alfredo Espino, sino sólo a Roque (Daltón), pues Espino era una abstracción de la realidad y vivió en una sociedad al margen de los conflictos sociales de la época.
Para desideologizar mi pensamiento en torno a Alfredo Espino, decidí acercarme directamente a la fuente del conocimiento y que mejor manera que con "Jícaras Tristes", su obra prima, con la suerte que en mi biblioteca conservo la tercera edición, a cargo del Departamento Editorial del Ministerio de Cultura de 1956. Valga apuntar que con esa edición inició la colección "biblioteca Popular", que ha perdurado hasta estos días.
Me resultó reconfortante reencontrarme con poemas clásicos como "Cantemos lo nuestro", "Ascención", "Vientos de octubre", "Un rancho y un lucero", "El nido", "Los ojos de los bueyes", "Arbol de fuego", "Cañal en flor", "Las manos de mi madre".
Todos ellos constituyen lo que ya conocía de Alfredo Espino, pero releerlo con la perspectiva que dan los años me hizo percatarme en construcciones estilísticas impecable, frases contundentes, metáforas frescas y novedosas.
Tres poemas que me llamaron poderosamente la atención fueron "Un angelito" de la sección "Dulcedumbre", en el cual, sin haber conocido el milagro y privilegio de la paternidad, plasma con meridiana claridad todos los sentimientos que inspira un niño.
El segundo es "La muchacha pálida", que junto con "El puente", de la sección "El Alma del Barrio" son poemas con un alto contenido social que callan de tajo a aquellos reaccionarios de mi juventud.
Y el tercero es "Idilio bárbaro", de la misma sección, el cual es un poema profundamente erótico.

23MAR013

Diálogos impertinentes (en construcción)

- Qué lee?
- Historia, le interesa?
- sí, cuando haya almorzado.

-Que piensa?
- En la vida, y usted?
- En la muerte en vida y en la muerte viva!

- Puedo acompañarlo?
- No! en mi ataúd sólo hay espacio para mí.

- Ayer no lo ví reír
- La noticia de primera plana me destrozó los labios
- Se ha quedado sin labios y sin dientes?
- No!, me he quedado sin esperanza.


Friday, March 15, 2013

La mala hora


Conocí a Gabriel García Marquez en mi juventud...como cosa curiosa, en mi adolescencia y años de educación básica ni siquiera figuró en las obras de lectura obligatoria del plan de estudios de la institución privada donde estudie.
Lo conocí hasta en la Universidad, en la UCA, cuando en mis primeros años en la carrera de Comunicación y Periodismo me correspondió leer "El coronel no tiene quien le escriba" y luego "La Hojarasca"
Sería hasta en 1993, ya siendo periodista de El Diario de Hoy, que el editor de las noticias internacionales me prestaría su edición "clandestina" de "Cien años de soledad" (lo de "clandestino" se debe a que la leíamos durante los recesos largos que nos tomabamos en el trabajo!!!!).
Ahora, 20 años después cae en mis manos, por cosas del destino un ejemplar de bolsillo de "La mala hora": un cuento largo o una novela corta, con el sello indiscutible de un Gabo que empezaba a encontrarse y a estructurar la que sería su obra maestra y la maestra de todas las obras que vendrían después por aquello del boom y del realismo mágico.
Lo que siempre me ha agradado del Gabo es su capacidad de contar historias, de escribir exactamente lo que se habla sin caer en extensiones innecesarias o redundantes.
En "La mala hora" el maestro desarrolla a la perfección las características de un buen contador de historias: diálogos naturales y descripciones precisas del medio donde se desarrolla la historia, convirtiendo al entorno en otro actor.
Sin embargo, al final me queda una insatisfacción... la necesidad de saber que ocurre después del punto final. Qué pasó con las familias que huyeron, con la viuda de Montiel, con Carmichael, con la viuda de Montero...con ese pueblo mágico que estoy seguro que sigue allí tal como lo vio el Gabo.
15MAR013

Sunday, March 10, 2013

El Pais Bajo mi Piel

"El país bajo mi piel", de Gioconda Belli, es un libro que mi buena amiga, Julieta Blandón, Representante Alterna de Nicaragua ante la OEA, me recomendó y me prestó recientemente.
Todo ocurrió durante uno de los recesos de reuniones en la OEA cuando le comenté que uno de mis propósitos es leer, al menos un libro de cada uno de los países de la OEA, y que en el caso de Nicaragua, ya había cumplido al haber leído "Azul" de Rubén Darío (a quien por cierto hemos honrado en la OEA bautizando uno de los salones en su honor).
Julieta se apresuró a recomendarme y comprometerse con prestarme un libro de Gioconda Belli.
De Gioconda Belli tenia información difusa: una que otra recensión por aquí, una presentación de libro por allá (a la que por cierto no fui, no recuerdo si por estudio o por trabajo, o por desidia, para ser sincero), pero junto con Sergio Ramírez son autores que me había propuesto leer más adelante.
Al igual que los diversos tramos y episodios en las memorias de Belli, ese momento llegó, como todo en la vida, intempestiva e inesperadamente.
Es un libro que disfruté y que gocé con el enorme privilegio de mi background centroamericano y con pasajes que por momentos rememoraba con la realidad que me toco vivir en mi adolescencia y juventud.
02-10MAR013

Comrade J

Lo tenía guardado en mi librera en el estante de los libros "pendientes de leer". Lo tomé inmediatamente después de terminar de leer "Space War" porque supuse que sería una lectura complementaria al libro sobre juegos de guerra ocurrido en 2010 y que no llegó a llenar mis expectativas.
Sin embargo, "Comrade J" resultó una lectura fascinante. Escrita por un periodista, narra las vivencias de uno de los espias profesionales (profesional en inteligencia nacional, para ser preciso) de Rusia trabajando en los Estados Unidos bajo la fachada de Primer Secretario de la Misión de Rusia ante la ONU.
James Bond, Jason Bourne y Cia. llenan un particular mercado en el imaginario colectivo estadounidense. Comrade J es la realidad. Las diferencias son abismales.
La interpretacion y prospeccion de los hechos a partir de las diversas fuentes (noticias publicadas, informes, conversaciones fortuitas) aunado a la busqueda constante de personal dispuesto a "pasar informacion" mas secreta y confidencial de su propio pais demuestra que el principio de buena fe en las relaciones internacionales, sigue siendo solo eso: un principio.
28FEB-08MAR013

Friday, March 1, 2013

Space Wars

Recién ayer concluí la lectura de "Space Wars, The first six hours of World War III, a wargame scenario". El contenido profundamente interesante y actual, aunque la ejecución del libro, mezclando realidad con ficción, por momentos fue monótona.
La tesis principal: un ataque laser financiado por narcoterroristas con técnicos rusos en contra de la red satelital estratégica de los Estados Unidos, por un lado; una respuesta mediante un ataque cibernético a la red estratégica iraní por parte de USA y en represalia el lanzamiento de un misil balistico  ICBM por parte de Irán contra intereses estadounidenses constituyen la trama.
El libro es la recopilación de las impresiones de un participante del juego de guerra que se realizó en el año 2010 por parte de las principales agencias estadounidenses sobre la materia. Parte del juego de guerra es la creación de diferentes escenarios, actores ficticios y procesos de respuesta reales para superar la situación. En esta parte es donde el libro falla, pues los diálogos sobre la materia, al ser ficticios, vuelven morosa la lectura.
28FEB013

Friday, February 1, 2013

La trouille au ventre. "La Servante et le Catcheur" d'Horacio Castellanos Moya

http://www.lemonde.fr/livres/article/2013/01/31/horacio-castellanos-moya-la-trouille-au-ventre_1825427_3260.html



Auteur d'une quinzaine de romans, dont sept sont traduits en français aux éditions Les Allusifs, Horacio Castellanos Moya est une figure majeure de la littérature contemporaine. Aux Etats-Unis, les critiques citent souvent Céline à son propos, pour la noirceur des thèmes. Mais, contrairement à Céline, Moya n'a jamais écrit en espérant flatter le pouvoir en place, ni en essayant de se mettre dans la poche le contre-pouvoir le plus influent.
Si, au début de son premier exil au Mexique, Moya, né en 1957 et vivant aujourd'hui aux Etats-Unis, a exprimé de la sympathie pour les factions révolutionnaires s'opposant à la dictature au Salvador, il a rapidement estimé que la stalinisation du mouvement était trop accablante pour être passée sous silence. Dans la guerre civile qui déchira le pays pendant douze ans (1979-1992), il ne choisit que le camp de la lucidité et de la sincérité. Il raconte ce qu'il comprend de ce qu'il voit, quand bien même ça n'arrange pas ses petites affaires, et on ne l'entend jamais geindresur l'exil que ses écrits lui valent.
Son nouveau livre, La Servante et le Catcheur, qui paraît chez Métaillié, a l'efficacité formelle des grands romans noirs à la Jim Thomson. Sauf que Moya ne fait pas le portrait des outsiders, des laissés-pour-compte ; il dépeint le quotidien de gens tout à fait ordinaires, devant se débrouiller d'une réalité absurde et brutale, où toute idée de politique est remplacée par la notion d'ultraviolence.
Le roman entremêle les voix. Le Viking, personnage principal, est une pure création à la Moya : un ancien catcheur devenu tortionnaire, moribond mais coriace, une brute sentimentale aux désirs huileux et dégradants. Moya se salit les mains : il ne refuse pas sa compassion au bourreau, il regarde en face sa pesante humanité. Aucun de ses crimes ne sera pourtant ni édulcoré ni oublié. Les dialogues ignobles du Viking et de ses collègues de travail en deviennent jubilatoires, et suffisamment complaisants pour laisser une profonde impression de malaise. Mais Moya ne se laisse pas déstabiliser par la sauvagerie sanglante des faits dont il s'empare. La virilité du mec armé (flic ou révolutionnaire) n'exerce aucune fascination sur lui.
La vieille servante est une femme intelligente, obstinée, observatrice et complexe, attachée aux communistes nantis qui l'emploient, les Aragon. Ceux-ci apparaissaient dans trois romans antérieurs de Moya. Ici, leur histoire est racontée du point de vue de la servante, qui mène l'enquête pour savoir ce qu'est devenu un couple de jeunes gens de la famille, disparus à leur retour d'URSS, séquestrés. C'est cette enquête qui la conduit à retrouver la trace du Viking, et à lui demanderde l'aide. Bien que tout la sépare de lui, il deviendra son alter ego par la force des situations.
UN SAC OPAQUE SUR LA TÊTE
La Servante et le Catcheur est avant tout un roman sur ce qui est occulté. Les témoins d'une arrestation doivent s'enfermer au plus vite chez eux pour ne pasavoir à parler de ce qu'ils ont vu. Les policiers ne savent pas qui les trahit de l'intérieur. La mère ignore tout de ce que fait son fils. On ne sait pas où sont emmenés les enfants arrêtés. Les infirmières ont les yeux bandés quand on les conduit remplir une mission spéciale. Et le désarroi découle de cette union sacrée entre violence et silence : tout se retourne. Même les optimistes égoïstes, ceux qui croient qu'il suffit de bien se conduire pour être protégés par le nouveau régime, découvrent qu'on ne peut jamais se protéger de la politique. Le talent de Moya est de rendre insupportable, non les scènes les plus sanglantes, mais cette atmosphère claustrophobe et borgnollée - comme si on avait bouché toutes les sources de lumière. Tous les personnages avancent avec un sac opaque sur la tête et, quelles que soient leurs fonctions, mentent et vivent dans la terreur qu'on apprenne ce qu'ils cachent. Faire parler, c'est le boulot de la police, des"découpeurs". Dans ce silence angoissant, on ne sait jamais quel visage familier apparaîtra sous la cagoule du prisonnier, pas plus qu'on ne sait quel personne familière tenait l'arme du révolutionnaire. La ville radiographiée par Castellanos Moya sent le cadavre, partout : dans les hôpitaux où on arrête les suspects sur la table d'opération, dans les bus attaqués par les guérillas, dans les universités, les églises, les beaux quartiers et les tripots sordides. On ne va nulle part sans la trouille au ventre. La haine pure circule et tisse entre les protagonistes des liens aussi abjects qu'indéfectibles.
Il y a une dimension mythologique dans ce roman noir qui met à nu l'essence de la guerre civile. Les fils tirent sur leur propre mère et, s'ils ne tiraient les premiers, les mères s'occuperaient de les massacrer. Moya lâche Œdipe en plein San Salvador. Les enfants de ce roman ne savent jamais qui sont leurs pères. Et quand ils prennent les armes, ils ne savent jamais exactement sur qui ils tirent.
La Servante et le Catcheur (La Sirvienta y el Luchador), d'Horacio Castellanos Moya, traduit de l'espagnol (Salvador) par René Solis, Métailié, 240 p., 18 €.